¿Y por qué terapias en animales?

¿Y por qué terapias en animales?

…¿Y por qué no?

Desde pequeña he sentido una conexión con los animales, recuerdo que mis mejores amigas eran mis gatas y mi perra, recuerdo como hablaba con ellas y me comunicaba sin ningún tipo de problema, recuerdo una energía pura y alegre cuando estaba con ellas, con una complicidad perfecta.

También recuerdo la preocupación cuando veía zapatos de piel, me preguntaba por qué mataban al animal para hacer los zapatos y también me preguntaba muchas veces porque tenía que comer un animal si a mí me gustaba verlos vivos.

Ahora ya no soy pequeña, he crecido, he madurado, he evolucionado y las cosas las veo desde otro punto de vista. He podido responder las preguntas que me hacía sobre los animales; por qué hacen zapatos con su piel, por qué los debo comer si me gustan vivos… Me ha costado años en volver a sentir esa complicidad, esa energía pura y alegría cuando estoy con un animal.

No digo que ojalá lo hubiera hecho antes, porque las cosas llegan cuando tienen que llegar. Lo que digo es GRACIAS por haberlo sentido. Porque aquellos sentimientos han estado siempre dentro de mí, en algún lugar guardado, y en el momento que tenían que salir han salido. Han florecido con una transformación personal y emocional que me han llevado a un punto donde estoy muy contenta de haber llegado. Porque he aprendido. Porque he sentido pena y alegría, pero sobre todo porque he podido notar la esencia de los animales.

Con esto he descubierto el alma que llevan dentro. Los que conviven con nosotros, he descubierto lo que pueden llegar a hacer por nosotros, lo que pueden llegar a enseñarnos, a aportarnos. A los animales que viven en libertad, también nos enseñan cosas, simplemente tenemos que obserbar nuestro entorno, también nos aportan.

Y por eso también hago terapias en animales. Para ayudar a la gente a entender a su animal, a entender qué le está diciendo, que le está enseñando, a enseñar a comprender el animal como ser energético. Ver más allá del peludito lindo que nos mueve la cola, llegar a sentir la energía amorosa que hace que la cola se mueva. Simplemente a sentirlo, sin verlo.

Esta es una visión mucho más profunda y bonita, que creará un vínculo más fuerte con nuestro compañero. De este modo, podremos aprender a sentir la misma empatia por el resto de especies, comprenden que no es necesario haber llegado a la luna, sino valoramos lo que tenemos, ni vivimos el presente.

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