Mi camino en Reiki

Mi testimonio con el Reiki comienza desde hace unos años cuando la palabra REIKI me cautivó.

Sólo conocía la palabra y poco más sobre esta disciplina. Había algo que me atraía pero la tenía reservada en algún lugar de mi cerebro y cuando las cosas no iban rectas, sacaba la cabeza y me decía: ….. Reiki …. Sin saber qué me quería decir.

Hasta que decidí hacer caso e investigar.

Buscando información encontré la explicación de que era Reiki y me gustó más todavía. Pero lo volví a archivar y seguí en la rutina que tenía montada.

Como ahora tenía más información que antes, mi desazón era más grande, hasta que explotó. En un momento muy oscuro de mi vida, me atrajo una luz desconocida, y simplemente, me dejé guiar. Decidí, no hacerme una cesión ni una terapia, si no, SER REIKI.

Así empecé el camino hacia ser terapeuta y maestra de Reiki. Descubrí tantas sensaciones nuevas, tantas cosas de mí que no sabía, tantas cosas que se podían hacer y tantas otras que me hacían crecer como persona. Para mí está siendo un camino llano y agradable, pero eso no quiere decir fácil. Aprendes a trabajarte a conocer partes de ti que no te gustan, a amarte tal como eres, a cambiar y ver el mundo con ojos nuevos y eso no siempre es fácil y agradable.

No paras de aprender, por eso todavía estoy caminando y avanzando y no voy a parar nunca, pero vale la pena, porque lo que crece en medio del pecho, es una sensación tanto pura, amable e inexplicable que todo esfuerzo se ve recompensado.

Ahora si miro atrás, lejos, casi no reconozco a la persona que era cuando estaba al principio del camino. Vas cambiando de carcasa hasta encontrar la más cómoda y flexiva, la de tu talla, estás muy a gusto, hasta que te queda pequeña y vuelves a salir a buscar otra.

Y no me arrepiento de nada, porque si no hubiera sido esa persona del principio del camino que ahora prácticamente no reconozco, ahora no sería la persona que está caminando.

No se trata de cambiarte de un día para otro, se trata de modelar lo que tienes, ir cambiando de forma, hasta encontrar la que te da un punto de armonía, y cuando la tienes, volverla a modelar hasta conseguir otro, e ir haciendo, para llegar a ser un poco más feliz, cuando lo tienes, el resto va saliendo solo, sólo tienes que ponerte en el camino adecuado e ir disfrutando del paisaje, sentir y creer.

 

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